Maternidad solitaria

Cuando mi hija nació en el año 2012, yo tenía 26 años…
Nada sabía de la maternidad más allá de lo que había visto de mi madre, no tuve su apoyo durante el embarazo por lo que tampoco me traspasó conocimiento básico en esa época.

Ninguna de mis amigas había sido madre aún, por lo que en esta etapa perdí a muchas de ellas.

Mi pareja, dejaba la vida trabajando todo el día para poder darnos algo de estabilidad económica, en ese tiempo muy estrecha.

Mi suegra amablemente nos prestó una cabañita muy pequeña para poder mantener algo de independencia como nueva familia. La cabaña estaba ubicada en el patio de la casa de mis suegros.

A pesar de vivir al lado de mis suegros y cuñados mi maternidad la recuerdo muy solitaria.
Mi suegra trabajaba, mis cuñadas iban a sus respectivas clases y actividades, mi pareja salía a las 7 de la mañana y volvía a las 8 de la noche, amigas no habían (sólo una), mi familia brillaba por su ausencia desde mucho antes del nacimiento de mi hija.

Me tocó descubrir la maternidad y mis capacidades sola:
fue difícil, tratar de descifrar para que era cada llanto de mi bebé…
fue difícil, tratar de cuidar de mi sin ayuda de manos extras…
fue difícil, el primer día de cólicos sin saber que era lo que pasaba, tan difícil que me vi a mi misma llorando porque ella lloraba…
fue difícil descubrir que hasta los 6 meses los baños serían siempre una tortura de gritos y llantos que se escuchaban hasta la calle, porque simplemente era algo que no le agradaba…
fue difícil cuando me equivoqué y le di agüita de cáscara de naranja, por consejo de las redes sociales para que durmiera, y lo único que logre fue llantos por dolor de estómago interminables…
fue muy difícil asumir que por más de un año nunca más volvería a dormir más de 3 horas seguidas en la noche, hiciera lo que hiciera, ella era un pajarito nocturno…

fue difícil, si, lo fue…pero fue también hermoso darme cuenta de la capacidad infinita que tengo de reinventarme como ser humano, porque de haber sido una mujer muy activa, trabajadora, estudiante, joven y alocada, ahora mis días giraban en torno a esa criatura que con solo mirarme cortaba el aliento.

También fue maravilloso descubrir mis habilidades con ella, descubrir como le gustaba ser cargada, para que lado se quedaba dormida con más facilidad, que sonidos llamaban más su atención cuando estaba inquieta.Detalles tan íntimos como cuanto le gustaba que le sacara los calcetines, se tranquilizaba.

El haber descubierto mi maternidad de manera solitaria me ayudó mucho a establecer mis propias reglas, a sentir menos presión del entorno en cuanto a lo que se esperaba de mi como madre. A aprender en base al ensayo y el error, que desde mi perspectiva es la mejor forma de aprender.
Aprendí a investigar de fuentes adecuadas (páginas pedagógicas, papers científicos, etc.) para no dejarme llevar nuevamente por los secretos milenarios basados en nada,y a volverme responsable al adquirir conocimiento y entregarlo.

Hacerlo sola me empodero absolutamente en mi rol de nueva madre, me enorgullece de sobremanera y es una experiencia que agradezco cada día.
Es muy probable que si hubiese tenido tribu para criar, mi primer paso por la maternidad hubiese sido mucho más amable, acompañado y menos rudo.
Pero soy una convencida de que cada vivencia entrega sabiduría si sabemos canalizar las situaciones para que nos ayuden a bien.
Somos artífices de nuestras experiencias y responsables de lo que queremos extraer de ellas.