El amamantamiento parte I

El amamantamiento de manera natural es un tremendo tema.  Un tema que a cualquier madre primeriza le causa temor y un tremendo respeto.

La presión social es también partícipe de estos sentimientos que acompañan a la embarazada y luego a la madre.

Personalmente, siempre pensé en amamantar a mi hijo de manera natural el tiempo que fuera necesario, nunca me puse una meta o me enfoqué en tener que llegar al año amamantando a como de lugar.  Me propuse hacerlo por el bien de mi bebé.

Nunca en la vida me imaginé que las primeras 8 semanas serían tan difíciles.  Nunca vi a nadie de mi familia o de mi círculo cercano llorar de dolor mientras daba de mamar a su hijo o hija, nunca le vi los pezones sangrando a alguien por las grietas que se le formaron debido a la tremenda succión que hace la guagua cuando mama.  En mi mente, tengo la imagen de esa madre feliz amamantando, con su bebé en brazos, con esa cara de felicidad y amor mientras el bebé le sonríe.

Como mamá primeriza sabes poco y nada de todo lo que se viene, por lo que uno confía ciegamente en todo lo que diga tu ginecólogo(a) o matrona.  En mi caso, lamentablemente me faltó la orientación de alguien especializado en lo que respecta al amamantamiento.  Yo había leído que es un proceso que requiere tiempo y paciencia, que no siempre funciona de manera rápida y automática, pero tampoco nadie me dijo o me sugirió que buscara ayuda profesional desde el primer momento, que eso me haría la vida bastante mas fácil. 

De acuerdo a mi experiencia y a lo que he leído, las complicaciones en el amamantamiento muchas veces se ven de manera más habitual en madres que han tenido a sus hijos por cesárea que en aquellas que han tenido a sus hijos por parto normal.  El cuerpo no está físicamente preparado para la llegada del bebé, es todo demasiado rápido, demasiado avasallador. 

Yo soñaba con un parto en el agua, con la música que pondría, como caminaría por los pasillos de la mano de mi marido haciendo “ohhhhmmmmm” cada vez que viniera una contracción…pero como les comenté en un post anterior, no siempre las cosas salen como uno las planea.  

En mi caso tuve a mi hijo con una cesárea de urgencia, fue todo muy rápido e inesperado. Recuerdo que aún bajo los efectos de la anestesia, me pusieron a mi bebé en los brazos para ponerlo al pecho.  El siguió durmiendo acostado sobre mi pecho, y de ahí no se movió por horas.

Mi primer hijo nació en una clínica en Austria donde lo natural, los procedimientos menos invasivos y la privacidad de la familia en las primeras horas es lo más importante.  Si el bebé y la mamá están sanos, no hay razón para separarlos y muchos menos para molestarlos si no es necesario.  Por esto mismo pasaron horas antes de que llegara una enfermera a la habitación. Mi marido y yo  nos mirábamos, mirábamos al bebé, no sabíamos que hacer.  Lo despierto? Intento darle de mamar? Lo dejo dormir, es normal?

Después de varias horas de nacido traté de darle de mamar.  No sabia cómo, en que posición ponerme, ya que con la cesárea me dolía cada movimiento. 

Al parecer mi pezón no era de lo más óptimo para que el bebé se pudiera “anclar” bien. Que muy chico, que muy plano, la mamá de la habitación de al lado tenía unos pechos tan grandes, que a ella tampoco le resultaba fácil por el tamaño, la guagua se ahogaba, pfff no hay como achuntarle.

Yo intentaba de todas la maneras, sentada, acostada, con la guagua de lado, de frente, nada me resultaba. En el intertanto los pezones ya se me había agrietado y el dolor cada vez que el succionaba era horrible!! Sentía que me estaban clavando un cuchillo.  Finalmente, la enfermera me trajo una pezonera plástica, eso ayudo bastante, por lo menos ayudó a que el bebé pudiera mamar de una manera aceptable.  Porque no puede dejar de hacerlo, debe ganar peso todos los días para que se desarrolle bien, por lo menos eso era lo que me decían.

La semana que viene continuaré mis historia sobre el amamantamiento, no te lo pierdas “El amamantamiento parte II”.