Navidad con niños pequeños

Como les he comentado en diversas ocaciones, soy mamá de Aaron de 3,5 años y de Ian de 1,5 años.
Desde antes que nacieran, mi marido y yo hemos tratado de mantener la esencia de la navidad, es decir, no nos hacemos ni muchos ni grandes regalos, de hecho no nos hacemos regalos materiales. Cuando llegó el mayor de nuestros hijos a nuestras vidas tratamos de seguir así.  Este año fue especial, porque es el primer año que Aaron se dio cuenta de que es navidad, comenzó a preguntar, en el jardín los amiguitos comenzaron a hablar del viejito pascuero etc.
Sigo pensando que lo más importante en estas fiestas es estar en familia, disfrutar que todos estamos sanos, que nos tenemos los unos a los otros y eso es lo que quiero transmitirle a mis hijos.
La mañana del 24 de diciembre mientras desayunábamos le conté una historia Aaron, le conté la historia de María y José, de cómo fueron caminando a Belén, de cómo nació Jesus en un establo, el me escuchó atentamente y guardó en su disco duro todos los detalles, para más tarde contarle la historia a su abuela.  Le conté que se celebraba hoy, que significaba “navidad”.
La noche del 24 en mi casa no hubo regalos.  Yo cociné muuuchas horas, vinieron mis suegros y disfrutamos todos juntos, incluidos los niños, de la cena navideña.  El día 25 de diciembre cenamos en la casa de mis suegros quienes le tenían un regalo a cada nieto.
Mi niñez fue totalmente diferente, recuerdo que la época de navidad comenzaba los primeros días de diciembre. Mi mamá esperaba a que yo llegara del internado para que ambas decoráramos el arbolito, me encantaba, hasta el día de hoy lo recuerdo como un momento preciado.  A medida que iban pasando las semanas los regalos comenzaban a acumularse debajo del arbolito.  La ansiedad por saber que había adentro de cada paquete iba aumentando todos los días.  La noche de navidad nunca fue para mi una cena tranquila donde haya disfrutado en familia lo que mi mamá cocinó durante horas, no, nunca fue así, porque yo me movía de allá para acá esperando a que todos terminaran sólo para ir a abrir los regalos.  Justamente eso, es lo que yo no quiero que mis hijos hagan.
Lo más probable es que muchas o muchos de ustedes no estén de acuerdo con mi manera de pensar o mi metodología, pero no importa. Creo que lo más importante es que cada uno sienta que lo que está haciendo está bien, lo que los demás digan, es secundario.
Me gustaría saber a cuantos niños uno les pregunta que se celebra en la navidad y muchos ni siquiera saben.  Creo que somos nosotros los padres los encargados de mostrarles la vida a nuestros hijos, hacer que valoren lo que tienen el día a día y no que tomen las cosas por sentado, porque la vida no es así. Las cosas cuestan, la mayoría trabaja duro para ofrecerle lo mejor a nuestros retoños, pero no debemos olvidar que por mucho dinero que tengas o que llegues a tener, la salud y la familia no se pueden comprar.
Les deseo una muy feliz navidad y un próspero año nuevo!
Con cariño,
Pamela