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El segundo embarazo parte II….la pérdida

Autor: Katherine Keppeler

Cómo les comenté en el post de la semana pasada “El segundo embarazo parte I”, después de 7 años tomé la decisión de buscar un segundo embarazo.  Al mes ese sueño se hizo realidad y el test positivo llegó más rápido de lo que esperábamos. No puedo explicar la alegría inmensa que nos invadió, por primera vez habíamos planificado ser padres, por primera vez nos pusimos en todos los casos, por primera vez deseamos disfrutar este proceso de todas las maneras posibles. Íbamos a ser padres nuevamente y esta vez lo habíamos decidido nosotros!!

No me demoré en pedir una hora al ginecólogo, a la semana ya teníamos nuestra primera ecografía donde se mostraba un pequeño huevito alojado en mi útero dentro de mí, la emoción me invadía cada segundo del día, me fui tranquila a casa a vivir lo que era la entrada a mi segundo mes de embarazo.  Se programó una ecografía para la semana 8 si que espere con calma e Ilusión el volver para verlo más grande. Ni siquiera soy capaz de explicar el amor que nos invadía… sentíamos que podíamos flotar de emoción, nada realmente tenía importancia, más que nuestro bebé en camino, nada nos podía arruinar los días porque estaba él ahí…porque era real.

Durante este tiempo viví las náuseas matutinas pero eran sumamente leves, recuerdo como si fuera ayer, mis ganas de comer pepinillos y piña, en general me sentía extrañamente bien, con muchísima energía, cosa rara para el primer trimestre. Después de tanto tiempo no recordaba claramente cómo eran los primeros síntomas en mi embarazo anterior.

La vida hace lo que quiere con nuestras expectativas, inesperadamente tuvimos que programar un cambio de casa, comenzamos a vivir situaciones desagradables en donde estábamos viviendo y fue una decisión abrupta ,que nos generó mucho agotamiento físico y mental.  Mientras planificábamos esta situación, me di cuenta que los síntomas iban disminuyendo en su intensidad, las náuseas duraba menos en las mañanas, a veces eran inexistentes y mis pechos poco a poco casi no dolían, pasado dos o tres días me sentía tan bien, tan normal, con tanta energía que hasta podía dudar de estar embarazada.  Siempre comentaba a quien me preguntaba cómo me sentía, que si no me hubiesen hecho una ecografía pensaría que no estaba esperando bebé, basándome también en los recuerdos que tenía de mi primer embarazo en donde las náuseas duraron hasta los 7 meses.  

Dentro de todo, esto me parecía genial, poder vivir un embarazo sin dificultades, sin malestares, disfrutando a pleno el crecimiento de mi barriga.

Así pasó el tiempo, llegada la octava semana asistí a mi ecografía programada, mientras esperaba que me llamarán, sentía muchísimo temor (no sabía el porqué,  solo lo sentía) el no tener síntomas agudizaba mi angustia, algo dentro de mí me decía que me preocupara, algo dentro de mí no permitía que me relajara, en esos minutos de espera sólo le pedía a Dios que mis temores no fueran infundados. 

Llegó el momento de ingresar, el doctor me pidió que me acostara en la camilla y comenzó la ecografía, mi marido y mi hija expectantes esperaban al igual que mi cuñada, quien sólo viajó a acompañarnos. Al llegar al útero lo supe de inmediato, algo no estaba bien, el silencio del doctor decía aún más, desde mi poco conocimiento podía notar que no había nada claro, sólo un círculo gris ocupaba el espacio de lo que era mi bebé en crecimiento. Después de unos largos minutos de exploración, el doctor fríamente me miró y me dijo “no hay latidos” el embarazo se detuvo, ya no hay un bebé aquí… 

Sentí que un frío recorrió todo mi cuerpo, mis manos y pies se durmieron, contuve la respiración un segundo y después sólo vino el silencio. Me levanté de la camilla mientras veía como mi marido y mi hija dejaban la habitación.  Después de vestirme, con la mente en blanco, sin saber que pensar, sólo se me ocurrió consultar qué venía ahora. El doctor dentro de su misma frialdad me explico que sólo había que esperar, que él podría acelerar el proceso a través de un legrado pero que me recomendaba esperar a que el cuerpo hiciera su trabajo y que expulsara los “restos” de forma voluntaria.  Le pregunté cuánto podría tardar este proceso y cuando debía comenzar a preocuparme, y sólo respondió que no me preocupara. Aún retumban esas palabras en mi memoria.

Así con el alma destruida, salí a encontrarme con los míos, un silencio profundo nos invadía, hasta mi hija de sólo 7 años entendía lo que había pasado. Nos abrazamos y lloramos, tomé mi carpeta con las ecografías anteriores, la partí por la mitad y la bote, ya no eran necesarias ni eran útiles para recordar.

Quisiera que nadie nunca tuviese que pasar por esta situación tan dolorosa, que muchos viven, pero de la que nadie habla. El aborto es un tema tabú en todas sus dimensiones, es la pérdida de lo que era y que no fue. No solo pierdes un ser… pierdes ilusiones, sueños, planes, anhelos.

Cuando se sufre un aborto independiente del tiempo de gestación, muere parte del alma de esa familia, y toca explicar a los demás que a pesar de que ese bebé no nació, de que a ese bebé jamás lo tuviste en tus brazos, fuiste su madre, su padre, su hermana. Que lo amaste infinitamente y que el dolor de la pérdida es tan real y tan vívida como cualquiera. Que mereces contención, no solo tu! Tu familia completa. Que mereces vivir tu duelo de la manera que te plazca, que mereces tiempo para sanar tu cuerpo y tu alma.

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