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Embarazarse después de una pérdida

Autor: Katherine Keppeler

En mi último post compartí con ustedes lo doloroso que el momento en que el médico nos informó que el feto ya no tenía latidos….2 días me di a mi misma para vivir mi duelo.

Dos días para llorar mirando a la nada, pero sabía que tenían que ser dos días y luego rápidamente levantarme, tengo una hija que no entiende de duelos ni de llantos ni de malas caras, tengo una hija que merece continuar su vida feliz.  Yo también merezco volver a ser feliz. Quedarme en la angustia y en los por qué no me ayudarían.

15 días se demoró mi cuerpo en darse cuenta que el corazón de la criatura que alojaba en mi vientre ya no latía.

15 días de espera, incertidumbre y angustia por la poca información que me dio el médico que me atendió.  Gracias a Dios, una amiga matrona supo guiarme y calmar mi angustia cuando lo necesite.

El proceso fue largo y doloroso, física y emocionalmente. El primer día comenzó con un sangrado similar al de un periodo abundante, pero pasadas las horas se transformó en contracciones de parto que ni con el parto natural sin anestesia que tuve con mi hija viví.

De verdad que lo pase horrible, no sabia si el proceso era normal o estaba sufriendo una hemorragia. De paso, no quería asustar a mi hija que veía a su mamá retorcerse de dolor en la cama.

12 horas duró ese tremendo proceso donde expulsaba coágulos del tamaño de pelotas de tenis.

Pasada la primera etapa prosiguieron 7 días de intenso sangrado, molestias más leves, debilidad y resignación.

Pasados 10 días y cuando el sangrado se había detenido, tuve control. El doctor hizo una ecografía y confirmó que estaba todo terminado.

Este largo y agotador proceso había acabado y yo debía comenzar a reconstituir mis días, volviendo a la normalidad.

Solo una cosa tenía claro, no desistiría de mi anhelo de ser mamá nuevamente.

El doctor me dijo que esperara 3 meses, más que por un tema físico y salud mental.   Muchas mujeres después de una perdida no están preparadas para volver a pasar por el proceso de un embarazo nuevamente.

Esperé que mi primer periodo llegara de forma normal lo cual pasó al mes siguiente y luego de eso me di el alta para volver a intentarlo.

Tres meses después estaba celebrando mi test positivo…

No diré que ha sido un proceso fácil, más que nada porque el miedo me acompaña cada día. Al principio, todo el tiempo piensas en si todo estará bien, apuras las ecografías lo más posible. Cada minuto antes de entrar a la consulta del doctor es eterno y la ansiedad y angustia de recordar, te come el corazón.

Avanzas cada día emocionalmente junto al crecimiento de tu bebé.

Estas atenta a todo, si tienes náuseas o no, si un día no sientes síntomas te estresa y angustia porque recuerdas la pérdida.

Pero así paso a paso avanzas. Evitas a toda costa hacerte ilusiones como la primera vez, todo esta más contenido, en mi caso por lo menos no hubo búsqueda de nombres ni proyecciones por muchísimo tiempo.

Fueron aproximadamente 3 meses en donde preferí hacer como que no estaba embarazada y era mi forma de evitar el estrés excesivo. Sólo me cuidaba como corresponde pero no le conté a nadie la noticia,  no era un tema muy conversado con mi pareja ni con mi hija, etc.

Nos confirmaron pasadas las 12 semanas que ya podíamos respirar tranquilos y relajarnos, que el periodo de mayor riesgo ya había pasado y que todo está avanzando como corresponde.

A las 14 semanas nos dieron la bella noticia de que sería hombrecito!!! Mi hija que siempre lo quiso así, saltaba de alegría y poquito tiempo después ya comenzaba a sentir sus pataditas y movimientos de manera muy clara. Esto fue un gran descanso ya que el sentirlo lo volvía real.

Ya vamos en la semana 20, hasta el momento todo sigue viento en popa, tengo ecografías muy seguidas donde puedo ver como se mueve y disfrutarlo.

Pero, mentiría si dijera que mis miedos se esfumaron totalmente. Creo que sólo será así cuando lo tenga al fin en mis brazos.

Este, es un fragmento muy escueto de todo lo que viví en este fuerte proceso. Son miles las palabras que se me vienen a la mente para intentar dibujar lo que fue.

Sólo se que esta experiencia me hizo más fuerte y más consciente de la bendición que tenemos de dar vida.  Todo esto me animó a hablarlo para que todas aquellas mujeres que lo han vivido se sientan acompañadas y pierdan el miedo a compartirlo.

Y desde mi sillón, sintiendo las patadas fuertes y alocadas de Nicolás, les envió bendición y luz a todas aquellas familias que han pasado por este doloroso proceso.

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